domingo, octubre 22, 2006

Artículo La Jornada Jalisco 22/10/06

Lucha por la democracia y contra la desinformación

Jorge Gómez Naredo


La televisión, nos dicen los de arriba, informa. Los dueños del dinero, prestos, se apresuran a comprar un medio de comunicación, ya sea periódico, radio o televisión. No es cuestión de moda, nada de eso; es un asunto de subsistencia, de interés, de poder. Empresarios sin acceso a un canal de comunicación, buscan por todos lados, a todas horas y en todo momento, quedar bien con los dueños de la “información” y el “divertimento”. Hacen arreglos, negocian precios para anunciar productos y, cuando se da la ocasión, unen fuerzas para apoyar tal o cual cosa, sea candidato, ley o “razón social”. Así funciona el mundo de los medios de comunicación (especialmente el de la televisión) en México y en la mayoría de los países.

Nuestro pueblo, se pensaba hasta hace algunos años, era educado por la familia y la escuela. Sin embargo, esta hipótesis ahora resulta insuficiente. No solamente intervienen los padres y los profesores, también está la caja, la pantalla, la tele. ¿Cuántos niños ven televisión? ¿Cuál es la influencia de ésta en su formación como ciudadanos? Nadie dudará que la influencia de los medios de comunicación electrónicos sobrepasa la de los padres y las aulas. La televisión, como tal, está encargada de formar al “futuro” de esta nación. Pero no solamente se enfoca a los hijos, a los pequeños, también se acerca a los jóvenes y adultos. La pregunta es simple: ¿qué nos da la televisión?

Giovanni Sartori, uno de los sociólogos más reconocidos en la actualidad, ha escrito no hace mucho tiempo un libro convertido ya en clásico: Homo videns. La sociedad teledirigida. En dicho texto, el científico social argumenta que la democracia está en peligro porque la tele, en lugar de hacer de los televidentes personas críticas e informadas, las transforma en individuos sin capacidad analítica, ignorantes y, lo peor, les roba la aptitud para la abstracción. Todo, para el hombre moderno, se entiende a través de la imagen (la cual, por supuesto, puede estar manipulada); por lo tanto, ésta se convierte en una institución de credibilidad: “salió en la tele, es verdad”.

La democracia está amenazada, pues para su efectividad se necesitan ciudadanos, no televidentes. Estas argumentaciones teóricas de Sartori las pudimos observar en el plano práctico en las elecciones pasadas del 2 de julio. La mayoría del pueblo mexicano es pobre, vive con el mínimo sustento, sus problemas económicos son muchos y, el actual gobierno neofranquista, no ha hecho sino agravar su situación de miseria. Entonces, si la continuidad (de partido, sistema, institucionalidad y, por ende, penuria y desigualdad) no era la opción más adecuada, ¿por qué se votó por ella?, ¿por qué la gente le ofreció su confianza? Aquí debemos señalar que el 2 de julio hubo fraude; cualquier persona lo notó, lo observó, lo vivió, sólo algunos seudoperiodistas (como Ciro Gómez Leyva o Carlos Marín, ahora empecinados en censurar cualquier comentario opuesto a su ideología) lo niegan. López Obrador ganó las elecciones, le duela a quien le duela. Sin embargo, mucha gente que votó por Calderón y la continuidad, ¿por qué? Simple y llanamente por la desinformación, el miedo y la influencia nefanda de la televisión.

Una democracia funciona solamente si las personas que la conforman están informadas, son críticas y tienen capacidad de juzgar las acciones de sus gobernantes. En la actualidad, esas condiciones no se dan. La televisión está empecinada en ofrecer a la población una programación mediocre. Los presentadores de noticias y dizque periodistas tienen capacidades muy limitadas y su ignorancia es inmensa. Pero, ¿cómo cambiarlo? ¿Estamos condenados a vivir en un régimen teledirigido? La derecha panista y priísta no moverán un dedo por transformar la situación; para ellos, entre menor sea el nivel cultural de los mexicanos, mayor será la facilidad de manipularlos.

Sin embargo, hay esperanzas. A partir del movimiento encabezado por Andrés Manuel López Obrador, muchos mexicanos se han dado a la tarea de buscar canales alternos de comunicación: el internet ha servido de mucho. Pero aún se necesitan mayores esfuerzos y más creatividad. La lucha contra los medios de comunicación manipuladores y corruptos es también contra el poder de quienes se creen dueños de este país; y claro, es en favor de la democracia y de un México más igualitario y crítico. No es una tarea fácil, pero se han ganado batallas: se ha logrado conformar uno de los movimientos sociales más grandes en la historia de México a pesar de los “líderes de opinión” y “analistas” que buscan desprestigiar a López Obrador. Han dicho que la derrota en Tabasco es el final de la resistencia civil pacífica y se han burlado de la toma de posesión del presidente legítimo de México el próximo 20 de noviembre: lo hacen por miedo, para acallar las voces disconformes. Dirán, gritarán, gruñirán, censurarán, y lo harán porque saben que día a día, su nube, su mundo, sus sueños y deseos, se vienen abajo. Ni un paso atrás en esta lucha que sigue y seguirá.