miércoles, septiembre 20, 2006

"Érase que se era", nuevo disco de Silvio Rodríguez

Hace como dos o tres semanas compré Érase que se era, el nuevo disco de Silvio Rodríguez. Por algunos trabajos, muchas manifestaciones y diversos inconvenientes, no pude escucharlo bien (es decir, lo oí nada más) hasta hace poco. Al terminar la Convención Nacional Democrática, cuando ya me quedó más tiempo, puse el disco y mi sorpresa fue mucha: canciones bellas, revolucionarias, llenas de rebeldía y esperanza. Me puse a buscar en diversos periódicos y no encontré ninguna reseña, así que decidí hacer una. Salió publicada en La Jornada Michoacán y en La Jornada Jalisco hoy, es decir, 20 de septiembre de 2006. A continuación aparece el artículo. Por si a alguien le interesa, les paso la dirección de la página de La Jornada Michoacán (La Jornada Jalisco todavía no tiene página electrónica) donde aparece en pdf parte del texto –completo en htlm- y una fotografía de Silvio en el zócalo, cuando dio, en mayo del año pasado, ese memorable concierto que no se olvida y no se olvidará.

La página donde aparece parte del texto en pdf es:
http://www.lajornadamichoacan.com.mx/2006/09/20/planitas/cultura.pdf
El texto completo lo pueden encontrar, además de en este blog, en esta dirección:
• Silvio Rodríguez

Érase que se era invita a seguir luchando por la justicia, la igualdad y la fraternidad

El disco del trovador cubano es un redescubrimiento de la revolución y de Cuba misma. Cada nota, cada canción, es un viaje hacia uno mismo y al mundo que nos rodea
Jorge Gómez Naredo

I
Mitad somos lo que somos
y otra mitad lo que pensamos
Fernando Pessoa

En días pasados, en las tiendas disqueras de México apareció el nuevo material de Silvio Rodríguez, Érase que se era. Es un disco doble, con veinticinco canciones y un video. Cada canción del trovador cubano es una bella sorpresa, un descubrimiento de uno mismo, una invitación a seguir luchando por la justicia, la igualdad y la fraternidad entre los seres humanos. De verdad da gusto que existan artistas como Silvio Rodríguez, soñador incansable y hombre comprometido con las causas más caras de este mundo. Alguien que no se ha dejado vencer por el capitalismo rampante, por la fama lisonjera, por las oportunidades incontables de salir de Cuba e irse a vivir a donde quisiera. Trovador, pintor, y soñador, que sigue y seguirá con la Revolución, con la causa de millones de cubanos y latinoamericanos. Cuando se le preguntó, en la presentación del disco en La Habana, si le regalaría algo de su música a Fidel, sin ambages contestó: “Al presidente Fidel Castro todo lo que pueda regalarle, un poquito más que mi música, hasta mi persona”.

II
Quiero, a la sombra de un ala,
contar este cuento en flor
José Martí

En tiempos nublados, la música con sentido combativo es un sol pequeño, adusto, íntimo, pero sol al fin y al cabo. Eso es Érase que se era. Canción tras canción, nota tras nota, palabra tras palabra, son viajes hacia uno mismo y al mundo que nos rodea. Amar y guerrear, hacer la paz y el amor, invitar a soñar y soñar jugando a pensar. Las canciones que nos entrega Silvio en este disco son de juventud y rebeldía revolucionaria. Las escribió cuando tenía entre veintiún y veintisiete años: entre 1967 y 1972. La revolución cubana se establecía y se consolidaba. Los jóvenes de aquella época, Silvio incluido, crecían con imaginación y cantaban al son de la justicia y la igualdad. Por eso Cuba es hoy símbolo de rebeldía, dignidad y principios. Por eso Cuba sigue ahí, con su sistema y sus ideales, a pesar de lo trabajoso de la existencia, de los bloqueos y los sinsabores, a pesar de las imperfecciones del régimen y del mundo en contra, de ese complot lacerante. Por eso Cuba está ahí, más firme y más rozagante que nunca. Continúa ahí con sus contradicciones, pero con sus hijos, los hijos de la revolución. Y no se borrarán de ahí....
Érase que se era es un redescubrimiento de Silvio, y, por qué no, un redescubrimiento de uno mismo, de quien escucha, huele y siente cada palabra. Es un redescubrimiento de la revolución y de Cuba misma.

III
...el zócalo de todos y de nadie
Paco Ignacio Taibo II

14 de mayo de 2005: Silvio Rodríguez en el zócalo capitalino. Lleva su guitarra y sus letras..., su música. Está ahí, para todos, para aquellos que no pudieron pagar un boleto en el Auditorio Nacional. Y el zócalo lo aclama, lo vitorea, lo idolatra. Él, con su acostumbraba humildad, da gracias a esas vigorosas gargantas, a esas miradas desde antes y desde siempre, para siempre. Más de cien mil personas. Zócalo lleno, zócalo ritual, zócalo comunión. La revolución cubana con su música ha tomado el centro de la capital mexicana. Antes de tocar Ese hombre, del disco Expediciones, comenta que “un mexicano” le expresó: “esa canción no debería ser olvidada por ningún líder en el mundo”. Silvio, que hizo la canción más para un artista que para un político o luchador social, cayó en la cuenta que también podría ser aprendida por los gobernantes latinoamericanos. Antes de iniciar la melodía, dijo, como dedicatoria: “de parte del señor Rodríguez”. Y comenzó la canción: “Ese hombre que por hechos o por dichos es respetado tanto / ese hombre que por dichos o por hechos es festejado tanto / debiera olvidar / que casi iba solo / cuando desnudó aquella emoción que ahora es de todos / debiera olvidar / que casi iba solo / cuando conquistó el cetro que hoy le ciñen a coro”. ¿El señor López estaría escuchándola? Seguramente sí. Meses después, cuando las evidencias del fraude electoral eran muy obvias en México, en una entrevista con La Jornada, Silvio Rodríguez comentó: “me atrevo a decir que el conteo voto por voto no sólo es necesario: es imprescindible”. El señor Rodríguez guiñaba el ojo al señor López.

IV
Soñamos juntos
juntos despertamos
Mario Benedetti

Érase que se era es un disco con una vigencia indescriptible. Las canciones que contiene fueron hechas a finales de la década de los sesenta y principios de la de los setenta, pero aún hoy, cada letra es un imperativo. ¿Por qué la lucha sigue? ¿Por qué no hemos ganado? ¿Por qué las derechas continúan empecinadas en cerrar todas las vías a gobiernos progresistas que buscan un mundo más igualitario y justo? Una canción es esclarecedora: Nunca he creído que alguien me odia. La primera estrofa resume las situaciones política y social de México: “Nunca he creído que alguien me odia / aunque me hayan querido matar. // Tras mis asesinos se esconde otra fuerza / que sí es mi enemiga mortal”. ¿Por qué los partidos de derecha, plegados al neoliberalismo y a intereses de los grandes capitales impiden, por medios ilegales, la llegada de gobiernos de izquierda? ¿Por qué, por ejemplo, el PAN en las pasadas elecciones presidenciales tuvo que cometer un fraude, además de una campaña de miedo, para obstruir el arribo de López Obrador al poder? La respuesta de Silvio es simple: los hombres no actúan contra otros hombres, sino contra los ideales, los principios y los sueños de éstos. Quienes odian a López Obrador, no lo detestan a él en sí, sino a los idearios que busca: la lucha no es contra un hombre, sino contra un mundo más justo. Y por eso Silvio agrega en esa canción: “Siempre tendré un enemigo / con el semblante arrugado / y más cansado que yo. // El que al largo de su sombra / quiera cortar la medida / de cada revolución”. Es fácil entender: a las derechas les interesa seguir ahí, arriba, siempre arriba. Su lucha no es contra los de abajo, sino contra los ideales y principios de los de abajo. Recuerda el trovador cubano una frase de Fidel Castro: “Hemos hecho una revolución más grande que nosotros mismos”; y la tiene presente al hacer la citada canción: “Y ya se dijo que es más grande / que el más grande de nosotros. // Y ya se dijo que se hace / para otros”.

V
No quiero nada para mí, sólo anhelo
lo posible imposible: un mundo sin víctimas
José Emilio Pacheco

¿Cómo se puede corregir la manía humana por la muerte del otro, por el poder a pesar del otro, por el odio, el resentimiento y el encono al otro? Conociéndola, siendo conciente de ella y atajándola desde adentro, con fuerza y furia. Así lo hace Silvio en Érase que se era. Tratar de conocerse, de ser presente uno mismo en el pensamiento, de estar adentro de nosotros mismos. Cambiar el mundo no solamente es tomar las armas, subir al cerro y hacer la revolución. Hay revoluciones más elocuentes y se encuentran en nuestra cotidianidad. Pero también nuestras culpas están ahí, en lo cotidiano, en no alzar la voz y omitir el grito en contra de algo que sabemos no es justo y vulnera los principios de igualdad y solidaridad. Cuántas veces al día es un himno para ser más presentes y estar siempre al día, arrostrando las necesidades y los agravios. Porque también somos culpables cuando pasamos sin inmutarnos ante el humillado y bajamos la cabeza ante la pobreza, la injusticia y la desigualdad. Recordemos esto: “¿Qué silencio en nosotros ha colgado inocentes? / ¿Cuántas veces al día merecemos la muerte?” Pero, ¿somos nosotros culpables también de este mundo cada día más desigual y más putrefacto? Silvio tiene una pequeña respuesta: “No busquen más, no es el de atrás: ustedes son. // No es el de al lado, no. // Eres tú mismo, sí”. Y cómo no hacer nuestras esas palabras de la canción Epistolario del subdesarrollo: “No, no tengo que cerrar los ojos para ver”.
La canción El matador se inscribe en esas arias trovadorescas que nos recuerdan al asesino. Pero no al asesino de las páginas de periódicos amarillistas o al mítico ser adusto como Jack el destripador, el que no somos ni jamás seremos. Nos recuerda, más bien, al asesino que vive enfrente de nuestra casa, que duerme junto a nosotros, en el mismo lecho, en la misma mirada: “Me siento a veces hombre / y muchas animal”. Todos nos sentimos culpables de algo. Porque somos iguales, porque las culpas de la humanidad son también nuestras culpas. Y así lo dice Silvio: “El día que me acusen / no me defenderé: / esta culpa es muy vieja / de todos la heredé”.

VI
Aquella noche de septiembre, fuiste
tan buena para mí..., hasta dolerme
César Vallejo

Amar es verbo y es misterio, es un milagro extraño, como todos los milagros, aunque un poco más extraño. Silvio ha cantado al amor, a la amistad, al cielo, a la noche, a la mirada y los labios, a la piel y a la caricia. Quizá Érase que se era no sea el mejor ejemplo de un Silvio romántico, amoroso, lleno de energías para el amor. Quizá materiales anteriores fotografíen mejor (como Mujeres, Oh Melancolía o Rabo de nube) esta faceta del músico cubano. Sin embargo, las canciones de amor y desamor en el disco son las más acogedoras. Tres melodías hechas a un amor ido y nunca olvidado, nos hablan de esa poesía romántica del Silvio siempre recordado. Un amor estadounidense clavado en la memoria y jamás en el olvido (cosas de la vida que demuestran nuevamente que el pueblo norteamericano no está peleado con el cubano, sino que es el gobierno estadounidense quien mata, asesina, castiga y trata, sin mucho éxito, de estrangular a los cubanos); también está la mujer cubana que hace daño, que no se va, que ama y duele.
Una de las mejores canciones del disco (aunque, siendo sinceros, todas, escuchándolas bien, son las mejores canciones –cosas que pasan solamente en los discos de Silvio–) es, sin duda, No aparezcas más sin avisar. Es un complemento, como el mismo Silvio lo reconoce, de la muy famosa y conocida Ojalá, que ha sido himno de millones de personas, ora por su fuerza y crudeza, ora por los sentimientos que despierta. No aparezcas más sin avisar es un ruego al aire, una sinrazón aceptada como regla, un llanto pidiendo lo imposible: “No me escribas más si después no vuelves”.
Las tres canciones escritas a Judith, la chica estadounidense musa de Silvio en su juventud, son Una mujer, El día en que voy a partir y Judith. Una trilogía temática que va de la desesperanza del partir (“Ya sé que un beso muy frío será / el beso que no me darás / las noches, los días después / del día en que voy a partir”) al pedimento de no cambiar la imagen, de no transformar el ente, de no dejar que la distancia sea el inicio del desconocimiento (Cuida bien tus estrellas, mujer / cuida bien tus estrellas / y que nunca las pierdas”) o al amor que se siente, y se siente hondo, profundo, brillante, lleno de una fuerza infranqueable (Pobre de mí, pobre de ti / pobre de todos los que amen así”).

VII
Amo el amor que se reparte
en besos, lecho y pan
Pablo Neruda

Érase que se era es un conjunto de armonías, letras y pasiones, llenas de vida y rabia, de amor y corazón. Silvio Rodríguez representa el arte en la izquierda y el comunismo a pesar del infortunio, la lluvia, los relámpagos y las horas de soledad. Muchas enseñanzas podrán encontrar quienes lo escuchen, porque el poema se hace con el lector y, la canción, con quien la comprende desde su propia perspectiva. Silvio está detrás de todas las letras, pero logra trascender y deja su lugar, el de su poesía, a quien escucha las canciones; bien dice: “Después que canta, el hombre se queda solo / solo en la soledad de su cabeza”. No hay nada mejor que encontrarse a uno mismo a través de las palabras; y ese es el gran mérito de Érase que se era: trazar los caminos del recuerdo, del presente y del futuro, porque a pesar de los mundos desiguales y de las guerras, a pesar de los fraudes electorales y de las mentiras, siempre hay camino desde la palabra para seguir luchando y no dejarse vencer. Y es claro este fuego por continuar en Oda a mi generación: “Sigan exigiéndome cada vez más / hasta poder seguir / o reventar”.

IX
¡Y si después de tantas palabras,
no sobrevive la palabra!
César Vallejo

La palabra une a América Latina y el dolor también. En la voz de Silvio Rodríguez los americanos de abajo del Río Bravo se reconocen, se hacen, se crean. Viven cerca del juglar, se acercan a su mirada y observan desde su voz. Cada quien tiene su lugar en las canciones del trovador cubano: aquí soy yo y aquí también estoy. Es una simbiosis extraña, en la cual el artista se vuelve escucha y el escucha se transforma en artista. Por eso cada nuevo material de Silvio es volver a nacer; y nace no solamente el hombre singular, el yo, sino también el nosotros, el plural: el pueblo americano que se recrea y se entusiasma. Cada disco del trovador cubano, venido al mundo en 1946, está condenado a ser, desde antes de existir, un pedazo de historia, de lucha, de sagas y héroes silenciosos que toman voz con las palabras de cada canción.
Érase que se era es el redescubrimiento de un nosotros olvidado: ese nosotros que está en todas partes y que sufre, sangra, llora. Silvio nos recuerda en este material que la lucha continúa, que el enemigo está ahí, enfrente, acechándonos, amenazándonos, atacándonos. México es testigo de eso. Pensábamos en democracia, en “ya la hicimos”, en “cedieron”; y de repente, sin explicación contundente, un estallido nos ruge, nos acorrala: lo ganado se vuelve un arco iris que dura lo que la lluvia y el sol unidos. Pero también Érase que se era nos invita a la acción, a seguir adelante, a no desfallecer y aprender que no se gana nada si no se combate, porque, bien lo dice una canción incluida en el disco: “las cosas suelen transformarse / siempre, al caminar”. Caminar con las palabras y a través de ellas, con los puños alzados y las miradas a todos lados; caminar con la frente en alto y viendo siempre hacia la victoria. Porque es tiempo de transformar y pensar en los humillados. Como diría sin ambages Daniel Viglietti (otro trovador siempre en resistencia): “Es el tiempo del cobre / mestizo, grito y fusil. / Si no se abren las puertas / el pueblo las sabe abrir”.